Fiesta y Arqueología del Imaginario en Bolivia_es

Mi Urkupiña entre la sangre y los ángeles…

(Traducción Fernando Silva)

 

 

 

 

 


“¡La hemos vuelto a hallar! 
¿Qué?, la Eternidad.
Es la mar fundida con el sol.” 1

La descubrí a mi turno, después de Rimbaud, anidada en Bolivia una bonita tarde de abril. Por fin me había resignado a ir a verla, encontrarla, “enamorado de mapas y estampas”2, como habría dicho Baudelaire. Porque se hace Musa, nos vuelve poéticos.  Incluso para los que le rezan sigue siendo todo un misterio. Baudelaire nos había prevenido, a nosotros los “Asombrosos viajeros”, nosotros lo curiosos, nosotros  “cuya alma es un velero que busca su Icaria”:

“¡O, pobre el enamorado de países quiméricos!
¿Habrá que encadenar, habrá que tirar al mar
a este marino ebrio, inventor de Américas,
donde la ilusión vuelve más amargo el abismo?"

Yo me sentí de aquéllos, cuando encaramado en la cumbre de una colina fabulosa descubrí la voluptuosidad de las tierras andinas. Quillacollo, “Montaña de cenizas”3, ceniza de los antepasados, colina de los espíritus donde la cabeza da vueltas, ahogado en la belleza de los lugares habré encontrado mi naufragio, el obstáculo insuperable, del silencio y de la soledad.

"¡O Muerte, vieja capitana, llegó la hora! ¡Levemos el ancla!
Este país nos aburre, ¡O Muerte! ¡Preparémonos!
Si el cielo y el mar son negros como la tinta,
nuestro corazón, tú lo conoces, está lleno de luz! »

¿Somos aún de aquéllos, este día de abril, que habiendo anclado ya deben volver a partir, zarpar hacia un abismo más sereno y helado? O sabremos que aquí mismo comienza la verdadera Odisea, cuando percibiendo este cielo y este mar “negros como tinta”, comprendemos que de la materia se debe escribir ahora y lanzar desde el desierto “nuestros corazones… llenos de rayos”. Entonces ya no se trata de muerte4, se trata de esa lucerna desde donde remontan nuevas fuentes de vida, nuevas escrituras, “hacerse vidente […] Hallar una lengua."5 .

“Queremos ir, tanto nos quema ese fuego la cabeza,
Al fondo del abismo, ¡Cielo o Infierno!, ¿Qué importa?,
¡Al fondo de lo Desconocido para encontrar lo nuevo!” 

Es así que me puse en contacto con ella, la Urkupiña, Virgen o Pachamama que alberga Quillacollo. Es así que habré vivido mi propia Urkupiña después de millones de peregrinos que grabaron en el suelo, en la piedra, su presencia. Porque la Urkupiña es ausencia. ¿Qué buscábamos, la mirada aún llena de lecturas e imaginaciones fértiles?

“Así, el viejo vagabundo, revolcado en el barro,
Sueña, la frente alta, con brillantes paraísos;
Sus ojos embrujados descubren una Capua
Allí donde la antorcha no alumbra más que una choza. »

A cada uno su Urkupiña, en definitiva. Recuerdo la pregunta candorosa de una dama de Cochabamba a quien explicaba que mi tarea aquí era revelar la génesis de una fiesta extraordinaria. Me reclamaba a mí, el aprendiz de historiador, explicarle el nacimiento de esta Virgen: “¿dígame, Señor, cómo apareció, la Urkupiña?6 .¿Qué puede responder el espíritu científico sobre las irrupciones sobrenaturales que el espíritu humano se ingenia a inventar?  Y cuando tímidamente, me aventuré a responderle que yo era de un espíritu crítico, casi ateo, me puso en guardia y me convenció de que un día, yo también, tendré derecho al Señor, que un día la fe también me ganará, que un día también la Urkupiña me desbordará.

Entonces es para esta dama que escribiré este estudio, para intentar comprender sus palabras, para tener en cuenta en la escritura el motor mítico que impulsa a un medio millón de personas a aglutinarse en torno de una colina impávida el resto del año. Llegaré entonces el 15 de agosto próximo con mi propia fe , la de la poesía seguramente, mi sola coartada, para sumergirme en un océano de cuerpos y espíritus y ser fiel, por fin, al deseo de absoluto de esta mirada impaciente, un corazón entre otros en Cochabamba.
No la olvidaré. Aunque en mis oídos extranjeros aún cantan los versos melancólicos de las Flores del Mal:


“El verdugo que goza, el mártir que llora;
La fiesta que sazona y perfuma la sangre;
El veneno del poder que irrita al déspota,
Y el pueblo enamorado del látigo que embrutece. » 
 
La fiesta es este entredós, entre la sangre y los ángeles, la fiesta es este espacio-tiempo que tiene por única función encarnar lo humano. . La fiesta es Bolivia (re) encontrada. Sólo nos queda dar cuerpo a la Urkupiña, intentar darle una escritura7…

Cochabamba, abril de 2007.
 
 

1. Arthur RIMBAUD, “La hemos vuelto a hallar.”,  in, Últimos Versos, Una temporada en el infierno, mayo de 1872.
2. Todas las citas literarias de Charles BAUDELAIRE son extraídas del famoso poema “el Viaje”, escrito en 1859 y publicado como último poema de la sección “la Muerte” de Las Flores del Mal.
3. Quillacollo, “Montaña de cenizas” en aymara. Tendremos la ocasión de volver de nuevo sobre esta traducción que implica una lectura político-étnica de la historia de Quillacollo, en efecto en quechua, la traducción literal sería “Colina de la luna”.
4. Sobre esta lectura vitalista del Viaje y la escritura ambigua de la muerte en Baudelaire, véase el análisis literario que propone Agnès SPIQUEL (Jornadas de Agregación en Línea 2002-2003, Estudio literario del “Viaje” (las Flores del Mal, CXXVI, http://www.cavi.univ-paris3.fr/phalese/Agreg2003/Voyage.htm):
“La purificación del deseo y la fascinación permite una rehabilitación de la imaginación: el poema propone el pasaje de la imaginación engañosa, aquella que “prepara su desmesura”, en una imaginación que hace concebir lo nuevo”
5. A. Rimbaud, “Carta a Paul Demeny”, más conocida bajo el nombre de “Carta del Vidente”, Charleville, 15 mai 1871. Algunas frases fundamentales:
“Entonces el poeta es ladrón de fuego. Cargando consigo a la humanidad, incluso a los animales; tendrá que hacer sentir, palpar, oír sus invenciones. Si aquello que él aporta desde allí tiene forma, él da  forma; si es informe, él da lo informe. Hallar una lengua.»
“Yo digo que hay que ser vidente, volverse vidente. El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; él mismo las busca, agota en sí todos los venenos, para no quedarse sino con su quintaesencia. » 
6. La leyenda del descubrimiento de la Urkupiña forma parte del mismo fenómeno que otras apariciones similares (una conocida en Francia sería Lourdes): una pequeña pastora que alimentaba su rebaño al pie de la colina “El Cerro”, encuentra a la Virgen y grita en quechua “Orqopiña”, “ella está en el cerro”.
7. Allí termina seguramente el reto poético. Según Pedro BRUNEL, biógrafo “del hombre de las suelas de viento”, la escritura rimbaudiana se enfrentó a la fragilidad del objeto festivo. Como si la fiesta hubiera sido desmitificada y con el consentimiento del propio poeta hubiera vuelto de sus “Iluminaciones”: “He creado todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. Intenté inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevas lenguas. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien! ¡Debo enterrar mi imaginación y mis recuerdos!» Como si, después de Rimbaud, la fiesta se hubiera muerto como Nietzsche mató a Dios, dejando por fin lugar a la mirada fría del análisis. Véase el artículo de Pedro BRUNEL quién revisa la obra de Rimbaud a través de la fiesta: “Fiestas de la lectura”, in, Rimbaud, Œuvres complètes, Le Livre de poche, La pochothèque, Librairie générale française, Paris, 1999, p. 7-17.

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